Menú Cerrar

Los rastreadores de galeones

Durante años dos empresarios nórdicos han investigado los naufragios en Santa Elena. Buscan extraerlos y construir un proyecto turístico de gran alcance.

La palabra ‘cazatesoros’ les provoca risas socarronas. Muecas que Kurt Maier y Kjell Edwall intercambian, entretenidos. “Como si fuera tan fácil”, espeta el primero. Pero aunque la palabra no les gusta a los octogenarios, aceptan que su amistad se forjó por una fascinación por los galeones españoles que llevan más de veinte años buscando en la costa ecuatoriana.

Empezaron a investigar a fines de los años noventa en las costas de Santa Elena, en pleno apogeo de las concesiones que otorgaba el Estado a las compañías extranjeras dedicadas a la exploración y que aseguraba una repartición a medias: 50 % para ellos, 50 % para el país.

En aquella época encontraron poco, monedas de plata, anclas, implementos de navegación de los buques Arcadia, San José y San Miguel, naufragios ubicados en la punta de Santa Elena. Pero nunca avanzaron lo suficiente para hallar un buque entero y extraerlo.

En 2008, la ley cambió, eliminando las concesiones, y otorgando la potestad sobre el patrimonio subacuático al Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC) y eliminando casi en su totalidad la figura de recompensas.

Aún así, Maier y Edwall decidieron esperar y continuar con su investigación, convencidos, gracias a años de búsqueda en los archivos históricos de Sevilla y Lima, de que en la zona de Santa Elena, había al menos sesenta naufragios de la época colonial, una cifra mucho mayor al registro estatal.

No tuvieron éxito hasta 2012. “Durante muchos años trabajamos con un scanner sonar, pero no hallamos nada. Luego trabajamos con equipos de detección metálica, que tampoco funcionaron y, finalmente, empleamos un equipo que excava el fondo marino, utilizado normalmente en la búsqueda de minerales, combinada con otros equipos y obtuvimos resultados, localizando los naufragios”, explicó Edwall.

Invirtieron $ 12 millones en su búsqueda y la investigación fue autorizada a través de una licencia ambiental del Ministerio de Ambiente.

Con el fin de recuperar su inversión, los empresarios han desarrollado un proyecto que plantea no solo el rescate de los galeones españoles, sino la creación de dos atractivos turísticos en Salinas.

El proyecto, titulado como la ‘Armada del Mar del Sur’ contempla la edificación de un museo naval donde se expondrían los buques, que deberán ser rescatados en trozos y luego reconstruidos, un acuario de corte internacional y un centro de archivos históricos. “El país no tiene la tecnología ni los recursos para hacer investigación y rescate de este tipo. Planteamos un proyecto que beneficiaría a Ecuador, atraería el turismo, generaría plazas de trabajo y permitiría un nuevo rédito económico con el ingreso de los buques y los tesoros que hallemos”, subrayó Maier.

Añade que, en promedio, la ganancia por buque para el país, sería de $ 100 millones.

Al otro lado de la moneda, está la norma que prohíbe la explotación comercial de estos bienes y la renovación de los contratos de concesión. Y la Convención de la Unesco sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático, ratificada por el país y que establece la protección ‘in-situ’ de los bienes sumergidos, principalmente de los naufragios.

Para José Chancay, arqueólogo del INPC, los bienes deben permanecer en su sitio y, con el de eliminar los que percibe como riesgos al patrimonio subacuático, “derogarse toda figura de recompensa de la ley, porque deja un vacío legal que nos preocupa”, estableció.

Pero para los empresarios, el que los galeones permanezcan intactos, no es garantía de su preservación. “Si se quedan donde están, se deteriorarán y se desintegrarán por completo. Nadie conocerá su historia, y esa historia es patrimonio de la humanidad”, comentó Edwall.

Solo les resta esperar una respuesta del Estado.